El primer Palomar que yo visité y al que me hice asiduo forma parte de la memoria de mis afectos. Un grupo de gente extraordinaria, humanamente hablando, y muy dispar en opiniones y quehaceres, reunidos por el empeño de la pesca a mosca. A las horas de “entrenamiento” trufadas de en general estériles discusiones técnicas (es verdad que unos sabían más que otros, pero en general… había más voluntad práctica y algo más de experiencia que ciencia) seguían unas cervezas o unos chocolates con churros, según la época del año, que permitían apurar la discusión y los planes, todos fantásticos, de modo muy placentero. Bajo el patronazgo inolvidable de Pepe Cueto y empujados por la energía discursiva y discutida de Iñigo Amantegui, la jornada se terminaba siempre por hacerse la hora de volver a casa y no porque la conversación decayera.
En el folletín que editamos sobre “Las líneas de lanzado” hay un preámbulo que resume bien el espíritu de aquel tiempo, este es su comienzo:
Desde hace años, durante los largos meses en que la veda nos aleja del gozo de la pesca, unos cientos de metros del Nalón a su paso por Palomar se han convertido en punto de encuentro de pescadores de salmón a mosca. Allí corremos la corta carrera de la tarde de sol de otoño y nos reponemos del tedio invernal cuando, de vez en cuando, se nos regala una mañana de sábado de luz brillante que hacen buenos el frio y la humedad. En Palomar no se pesca, se repescan las temporadas pasadas y se prepara la venidera. Algunos días, Palomar se convierte en cancha de lances Spey en rangos de récord. A ratos, Palomar acoge apasionadas discusiones técnicas sobre los últimos materiales disponibles. Otro día, Palomar se convierte en museo efímero de cañas y carretes, joyas del siglo pasado. Siempre hay audiencia para entrañables fantasías piscatorias y consuelo para sinceras frustraciones y, en cualquier momento, cuando cualquiera lo necesita, Palomar es escuela.
Ahora que Palomar es otra cosa, ni mejor ni peor, pero si diferente, y que la pesca se nos aleja a todos, me ha parecido oportuno rememorar aquellas tardes y mañanas allí pasadas y en aquel espíritu, hacer alguna aportación más. Más adelante cuando hable de mí, abundaré en las razones de saltar del chat por ahora languideciente a esta web.

Y por el camino también hemos perdido la comida de comienzo de temporada. Esta es la de 2016 (Los más “duros” a las ocho de la tarde).
Quién soy yo y el por qué de esta página.


Entre estas dos fotos, la playa de Juan Castaño y el Orkla, han pasado casi 40 años. Mi vida con el salmón es algo más larga y mis andanzas por el río, un poco más. Años muchos y peces los justos (justo, de justicia, los que supe pescar o quisieron pescarme ellos). Mi primer salmón llegó con la primera cucharilla que conseguí que cayera en el agua, las dos anteriores se perdieron en la orilla de enfrente. Fue en el Sucon en 1974. El último fue en el Spey en 2025. Entre medias, unos cuantos. No diré cuántos para no animar a nadie a llamarme mentiroso. Si puedo decir que ningún año pesqué sesenta u ochenta, pero si algunos años una o dos docenas. Como dije muchas veces, podría escribir un libro titulado “Pesqué una miseria en los mejores sitios del mundo”.
Mi trabajo me ocupó mucho más tiempo del habitual al común de los pescadores. Fui médico, cirujano con guardias ordinarias y extraordinarias, trasplantes, asistencias, etc. Esto lo pagó en primer término mi familia y no podía hacerles cargar, además, con la pesca. Así que, poco más que cotos y asiduo de los serenos del Narcea y el Cares, en verano. Cuando las circunstancias lo permitieron empecé a viajar al extranjero. Mi primer viaje, con mi hijo aún niño, fue al Tay. Cero patatero y el aburrimiento era tal que pensé que para Lino sería mucho mejor conocer Londres que ser comidos cada tarde por los “midges” sin ver un pez así que nos fuimos a media semana a Londres y el histórico Kenmore Hotel fue tan consciente del desastre que no nos cobró la reserva del alojamiento ni de la pesca restante. Después vinieron otros muchos viajes, algunos extraordinarios y algunos también de cero. Pasé una o muchas veces por Escocia, Noruega, Islandia, Rusia, Chile, Francia, Canadá de este lado y del otro y naturalmente, Galicia y Santander.
Fui cucharillero en los comienzos. Poco cebero y diría yo que malo y desde que entré en relación con la mosca, casi exclusivamente mosquero. Mi primer salmón a mosca, gigante perdido que me venció, fue en la Llonga en 1.990 con una Pezón y Michel de bambú refundido que me había regalado el inolvidable maestro Goro (Gregorio Pérez-Lozana). Experiencia inolvidable y de las que hacen afición. A mí me duró hasta hoy y me atrapó en el mudo de las moscas, las líneas, las cañas y todo el largo etc. que lo forma.
Siempre pensé que la pesca empieza con la ilusión de los preparativos y termina entorno a una mesa con amigos o familia comiéndose el pez. Nunca entendí la pesca “sin muerte” hasta hace unos años en que me convencí de que si se quería seguir pescando no se podía matar el pez. El comienzo del declive era evidente y el final en el que estamos estaba cantado. Mi último salmón sacrificado en Asturias fue en 2014, con caña de una mano en Arenas. Desde entonces, pesca de captura y suelta hasta la temporada pasada en que decidí no pescar aquí de ninguna de las maneras. Creo que no nos lo podemos permitir.
Con estos ánimos fui del núcleo fundador de Asturias Salmón Vivo y no me cuesta decir que estoy convencido de que fue una propuesta honesta y aunque atacada por los enemigos naturales e ignorada por muchos buenos amigos, lo mejor que se intentó por preservar nuestro salmón en los últimos muchos años en que fue evidente que algo se debía hacer.
He sido bastante activo en el chat de Palomar Fly y aporté algo de mis neuras pescadoras, historias, historietas y reflexiones sobre la pesca, los pescadores y las moscas con su apasionante historia. Siempre me he ceñido a las normas de sus administradores, primero Iñigo y después Tino Vidal: Solo salmón. Así que entré poco en polémicas y nada en que no fuera estrictamente lo dicho “solo salmón”. No me instalé en el mundo de las redes sociales cuando fue lo habitual por dos razones: Primero, no tengo ninguna necesidad de hablar “urbi et orbi” ni de dar doctrina. Segundo, no me interesan los anónimos, los espontáneos ni los comentarios de los que creen que” o lo dicen o revientan”. Sin duda me pierdo muchas cosas buenas, pero evitar las malas me da mucha tranquilidad. Otra dificultad que tendría en las redes es que hay que ser breve, conciso y puntilloso. Yo no soy nada de eso. Soy un teórico de hablar lento y largo, eso en las redes es suicida. De modo que me instalo aquí. A mi manera de una o dos páginas por tema. Sois todos bienvenidos con la tranquilidad para mí de quien entra y se queda será porque quiere. No está en mi ánimo colocar una píldora de opinión a nadie, aunque me libero de la exigencia del chat de ser “políticamente correcto”.
En un comienzo iré rellenando la página con los textos sabatinos del chat de Palomar. A alguien le puede gustar alguno y otros no los habrán leído en su día.
Le preguntaron en una ocasión a D. Gustavo Bueno si se hacía responsable de todo lo que había escrito y dijo: Si, si se lee con la fecha de publicación al pie. Me parece una gran respuesta que asumo para esta empresa. La llamada “coherencia” tiene límites en su alabanza. Quien dice toda su vida que tres por dos son siete, simplemente no sabe la tabla de multiplicar. En este mundo nos movemos en paradigmas, incluso en la ciencia y lo que hoy es gris, mañana puede ser negro o blanco. Yo estoy en eso.
Hablando de ciencia, aportaré algunos enlaces o artículos que me parecen valiosos para entender el mundo del salmón, pero no quiero confundir a nadie. Yo no soy un científico. Si acaso, un diletante. Bien intencionado, si, pero solo eso
Esta página es posible por el diseño de mi hija Elisa y ni un renglón más sin agradecérselo.
¡Bienvenidos!
Lino Vázquez
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